viernes, 11 de marzo de 2011

Anduvimos en bicicleta horas y horas. Y la noche, ya no recuerdo de que hablábamos,seguramente de cosas vagas y lineas de olor a jazmín que invadían el aire.De "guarda" "guarda" que vienen los autos de frente.
La noche se hacia espesa y cuanto mas tarde mas liviana. Había un mundo debajo de las horas nocturnas .Hablábamos de la infancia seguro, de las mañas de cada uno.En silencio, los dos pensábamos que quizás no nos veríamos de nuevo nunca, que solo la noche recordaría cuan tirante y terso era nuestro cuerpo, nuestra piel.
Frenamos las bicicletas como fieles caballos durmiendo a la espera del gaucho.Quedaron en la esquina de un barrio de verano de casas que nadie habitaba.
Y fue así como volví a casa Julia.El quincho había desaparecido en mi recuerdo y ahora estaba ahí, imponente, lleno de grasa.Me vi bailando sola en el piso de baldosa naranja,pegándome con mi hermano y aburriéndome como se aburren las nenas que creen en los arco-iris y planetas impronunciables.Ahí me extrañe, olí las flores y sonreí largo rato, estaba convencida que si abriera la casa , estaría mi niñayo desmayada en la cama.El, también esperaba como un caballo fiel, sonriente. Con una intimidad creciente a cada estrella que aparecía en el cielo. Y los dos pensamos en besarnos.Que otra cosa puede hacerse en tal noche de verano? La filosofía ya existe en los libros y las bicicletas iban a esperarnos toda la noche.

1 comentario:

Mr. Verbal Kint dijo...

Bellísimo esto.

saludos